En la vida diaria uno se
encuentra con personas que poseen algo que las caracteriza, que les confiere
una particular forma de ser. Se trata de un signo indeleble, que persiste como
una huella personal e intransferible y que hace que incluso se las denomine con
motes o apodos. Por establecer un símil, podría decirse que, cuando un buen
caricaturista tiene frente a sí a una persona determinada, tenderá a exagerar
un rasgo singular que es propio de ella. Del mismo modo, un buen imitador
siempre se fijará en las particularidades que un sujeto posee para poder establecer
la base de su imitación. Pues bien, cuando se habla de gestos tipo se trata
precisamente de esto, aunque, claro está, llevado al campo de la grafología.
Por tanto, en este capítulo se hablará de los gestos o tics que puede tener una
persona a la hora de escribir, aquellos rasgos o movimientos gráficos que hace
indefectiblemente, aun cuando no lo desee, porque forman parte de su manera de
ser. A continuación, se ofrece una explicación de los más importantes:
EL “GOLPE DE LÁTIGO”: Este movimiento se caracteriza porque inicialmente forma un lazo para luego impulsarse hacia la zona derecha y superior de la escritura. Este gesto suele observarse en la letra t, ya sea minúscula o mayúscula, en la d minúscula y, en general, en los finales de la escritura. La mejor manera de entender este movimiento es compararlo con el impulso que se toma cuando se lanza una piedra: al principio la mano retrocede para tomar fuerza, después avanza y se proyecta para arrojarla.
Hay una tendencia a la réplica.
El sujeto no suele callarse. Tiende a contestar sin medirse. Audacia y espíritu
combativo. En el sentido negativo, es un movimiento que no está exento de
violencia. Tendencia a imponer los criterios propios frente a los de los demás.
Egoísmo. Falta de consideración hacia los demás. Despotismo. No lo aparentan,
pero tienen un genio incontrolado que, una vez que estalla, es difícil de
parar.
EL “GOLPE DE LÁTIGO”: Este movimiento se caracteriza porque inicialmente forma un lazo para luego impulsarse hacia la zona derecha y superior de la escritura. Este gesto suele observarse en la letra t, ya sea minúscula o mayúscula, en la d minúscula y, en general, en los finales de la escritura. La mejor manera de entender este movimiento es compararlo con el impulso que se toma cuando se lanza una piedra: al principio la mano retrocede para tomar fuerza, después avanza y se proyecta para arrojarla.
EL “GOLPE
DE SABLE”: Se trata de un movimiento similar al anterior. Sin embargo, en este caso,
no es un movimiento curvo, sino cortante y seco como la hoja de un sable. Este
gesto se puede observar, principalmente, en la letra t mayúscula y minúscula, así como en los pies de la escritura.
Curiosamente, este trazo se ve con frecuencia en la letra de personas dedicadas
a la carrera militar.
EL “SIGNO DEL
ESCORPIÓN”: Se conoce bajo este nombre a las puntas afiladas que se pueden observar
en los pies de la escritura. Aunque a lo largo de todo este estudio se ha
insistido en que no se deben interpretar los rasgos por separado, lo cierto es
que a éste no se le puede asignar un sentido positivo. En cualquier caso, un
grafólogo amateur debería abstenerse de interpretaciones precipitadas al
respecto. Equivocarse en este aspecto sería considerado un error grave. Se
trata de un signo de maldad. Junto a otros elementos, tales como presión fuerte
y empastada, escritura angulosa en la base, finales en maza o aguja, etc.,
puede ser indicio de instintos criminales. Recordemos que el grado de
criminalidad puede tener muchas variantes. No nos referimos únicamente al criminal
que llega al asesinato, sino también a personas que disfrutan haciendo daño a
sus semejantes, incluyendo, por supuesto, a los animales.
EL “DIENTE
DE JABALÍ”: Este rasgo se puede observar al final de las letras n, h y m (mayúsculas
o minúsculas). Como se ve en el ejemplo, se trata de un movimiento parecido al
del «signo del escorpión», aunque en sentido inverso. Para este caso, hay que
seguir la misma recomendación que la observada en el epígrafe anterior. Pues
también es un rasgo que no tiene aspecto positivo. Maldad y crueldad, e incluso
posibles instintos criminales.
LAS
TORSIONES: Este gesto se caracteriza porque los trazos que deberían ser rectos sufren
una torcedura o desviación. Estas torceduras se aprecian principalmente en las
crestas y en los pies de la escritura. Puede ser el indicio de una
convalecencia postoperatoria y de algunas patologías. Ansiedad, tortura y
sufrimientos interiores. Surmenage. La persona, en lugar de luchar contra la
adversidad, tiende a recrearse en el propio sufrimiento. Inestabilidad. Puede
ser una señal de bloqueo de la libido.
LAS
ESPIRALES: Este gesto consiste en un movimiento en espiral, también llamado concha,
que se produce principalmente en las letras mayúsculas, en la c (mayúscula o
minúscula) y en los trazos iniciales o finales. Indica coquetería. Narcisismo y
egocentrismo. Deseos de hacerse notar. Persona caprichosa y egoísta. Si las
espirales están en la zona final, tendencia al acaparamiento e inadaptación. Si
las espirales están en la zona inferior y van hacia atrás (sentido inverso),
posible tendencia cleptómana. Falta de lealtad e hipocresía.
LA
SERPENTINA: Este gesto se observa, preferentemente, en las letras n, m y u, aunque
tampoco son infrecuentes en la barra de la t. Se trata de un movimiento en
forma de «serpentina». De ahí su nombre. Suele observarse con asiduidad en la letra
de los políticos y también en la de humoristas. Habla de buen humor. Persona
graciosa y simpática. Las ideas surgen con rapidez y espontaneidad. En el
sentido negativo, hipocresía. El sujeto tiende a mostrar su mejor cara para
complacer a los demás, aunque luego olvida con facilidad los compromisos y las
promesas que ha realizado. Picardía.
LOS GANCHOS: Estos gestos son en realidad ramificaciones de los ángulos. Los ganchos o anzuelos son movimientos regresivos que pueden darse en diversas letras como la barra de la t. Además, se encuentran también en los finales de palabra o de letra. Si los ganchos son muy grandes, se les llama arpones. En general, persona tenaz que consigue las cosas gracias al tesón y la constancia, aunque también es un rasgo agresivo y de acaparamiento. La interpretación dependerá en buena parte de la situación del gancho. Si el gancho (anguloso o curvo, pero pequeño) se encuentra en el rasgo inicial de las letras, persona que aprende de sus errores y experiencias. Si el gancho se encuentra al final de la barra de la t y mira hacia abajo, iniciativa y realización junto con tesón para alcanzar las metas propuestas. Si el gancho se encuentra al final de la barra de la t y mira hacia arriba, acaparamiento intelectual de las ideas de otros. Si el gancho se encuentra en la zona de la izquierda de la barra de la t, tenacidad y resistencia. A la persona le gusta acabar lo que empieza. Si el arpón se encuentra situado en los trazos verticales, posibles trastornos psíquicos, puede que, de carácter epiléptico, depresiones, etc.
LOS FINALES
EN AGUJA: Este gesto se caracteriza porque la barra de la t y los finales de
palabra y letra terminan en afiladas agujas puntiagudas (agujas en sentido
horizontal). Este tipo de rasgo también puede darse en sentido vertical. En
general, las agujas son síntoma de mordacidad y propias de personas que tienden
a herir a los demás con sus comentarios. Si
las agujas se encuentran situadas en sentido horizontal, capacidad de
observación. Persona mal pensada e irónica que hiere a los demás con sus
comentarios mordaces y desagradables. Si las agujas se encuentran situadas en
sentido vertical, se trata de uno de los signos reforzantes de la maldad y
también de la violencia («signo del escorpión»).
LOS BUCLES
Y LAZOS:
Este tipo de gestos se pueden ver en algunas letras como la m, n, ñ y u. En
ellas se forman bucles que ofrecen el aspecto de la letra e. Además, se puede
observar este mismo movimiento por partida doble. Es lo que denominamos dobles
lazadas. En el primer caso, si los bucles aparecen unidos a letras abiertas,
simpatía y capacidad para crear situaciones humorísticas. Este tipo de rasgos
son frecuentes en letras de humoristas. Si los bucles se encuentran en
escrituras de bajo nivel gráfico, egocentrismo. En el segundo caso (dobles
bucles o dobles lazadas), gracia, habilidad manual y capacidad para expresarse.
En escrituras de bajo nivel gráfico, tendencia a intrigar. Si las dobles
lazadas se encuentran en la zona superior, gran desarrollo imaginativo. Si las
dobles lazadas aparecen en la zona inferior, deseos de placer sexual egoísta,
masturbación, tendencia al acaparamiento.
LOS INFLADOS: Suelen observarse especialmente en las letras mayúsculas. Este gesto las convierte en algo que no son, las infla a lo alto y a lo ancho, también mediante el uso del bucle. Este tipo de gestos pueden esconder un fuerte sentimiento de inferioridad. Quien necesita inflar su escritura, necesita inflar su personalidad. Vanidad. Necesidad de exhibirse ante los demás para sentirse bien. Este gesto, unido a otros, puede ser un síntoma psicopatológico.
LOS
MOVIMIENTOS TRIANGULARES: Estos gestos de forma triangular se pueden observar principalmente
en los pies de las letras y, f, g, z y s, así como en los óvalos del cuerpo
central. Habla de persona mandona que quiere dominar a los demás a toda costa.
Si tiene ocasión, no permite su desarrollo integral. Lo mangonea todo y en todo
tiene que imponer su criterio. Quiere ser «el perejil de todas las salsas»
mediante la imposición, sin importarle lo que opinen los demás.
LA “GARRA DE GATO”: Este gesto recibe este nombre debido a su similitud con el órgano felino. Son trazos en los que se observa una curva en arco que llega a meterse en la zona inferior, más abajo del renglón. Desde el punto de vista simbólico se interpreta como deseos de “arañar”, tanto bienes, como dinero y objetos materiales, y guardarlos para sí. Hay una tendencia al acaparamiento material. Evidentemente, cuanto mayor sea el rasgo, mayor será el afán del sujeto por hacerse con bienes materiales. Éste es uno de los rasgos de la deshonestidad.
Los óvalos:
Los
óvalos son una representación gráfica del “yo”. Simbolizan el ego de la persona
y, por eso mismo, se trata de un capítulo tremendamente importante desde el
punto de vista grafológico. Conviene señalar que hay autores que incluyen el
estudio de los óvalos en el capítulo referente a la cohesión. Sin embargo, es
preferible desglosarlos en un capítulo aparte para no provocar confusión en el
lector.
Una vez aclarado este aspecto, puede ahondarse un poco más en la simbología del óvalo, que es, como ya se ha apuntado, una representación del «yo». En este sentido es muy interesante examinar los óvalos en la escritura, ya que las pequeñas variaciones que se producen en éstos pueden dar la clave de la interpretación en relación con los sentimientos más íntimos de la persona. Para ello, habrá que fijarse en los trazos iniciales, en el recorrido, en su forma (arquitectura gráfica) y en los trazos finales.














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